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portada voces iluminadas LA NUEVA MAS GRANDE

Esto es mi cuerpo… 1Corintios 11, 17-26.33

 



 

17. Y al dar estas disposiciones, no os alabo, porque vuestras reuniones son más para mal que para bien.                                                                                     

18. Pues, ante todo, oigo que, al reuniros en la asamblea, hay entre vosotros divisiones, y lo creo en parte.                                                                                  

19. Desde luego, tiene que haber entre vosotros también disensiones, para que se ponga de manifiesto quiénes son de probada virtud entre vosotros.                      

20. Cuando os reunís, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor;    

21. porque cada uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga.                                                                                           

22. ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no los alabo! 

23. Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,                                                               

24. y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío.»                                                                  

25. Asimismo también la copa después de cenar diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bibiereis, hacedlo en recuerdo mío.»           

26. Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.

33.

Así pues, hermanos míos, cuando os reunáis para la Cena, esperaos los unos a los otros.



Reflexión.-  Esto es mi cuerpo…

Pablo hace énfasis que en las asambleas no es para estar divididos, sino para que hagan lo que él transmitió y son las mismas enseñanzas de Jesús y es que lo recordemos y adoremos siempre al compartir el pan (v.24), como cuerpo vivo que se entrega a nosotros en cada encuentro, de igual forma ese vino como sangre de la alianza eterna (v.25), es para sentir a Cristo mismo en esos dos momentos que se hace con fe y corazón limpio.

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