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| EL MISTERIO DE LA VIRGEN MARIA: SU VIDA. SU ASUNCION |
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| Jueves, 16 de Agosto de 2012 06:01 | |
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Por: Pbro. Padre Manuel Antonio García SalcedoArquidiócesis De Santo Domingo
El misterio de la Virgen María es de las realidades que requieren tiempo, preparación y silencio. “El Señor ha mirado la humildad de su sierva”, lo que nos lleva a no apartamos de nuestra común humanidad, tierra y esperanza, pero a la vez humilde en todo, ella es la Madre de Dios que manifiesta siempre una respuesta libre, valerosa, audaz que ha dado a la propuesta de Su Creador como lo manifiesta en la Anunciación, en Belén, y en las bodas de Caná, en el Calvario, en el Cenáculo pascual y pentecostal. La Asunción de Maria “es la revelación de una cierta manera de tomar el propio destino en las propias manos y ponerlas en la manos de Dios”… porque ella “Jamás pecó contra la luz”, decía el cardenal Newman. Ella alcanzo en esta vida la realización personal, pero la felicidad de María no fue una felicidad fácil. Implico el silencio de la alegría, de la verdadera alegría, esa alegría que sólo Dios puede darnos. Alegría discreta, que no hace ruido. Alegría del espíritu y del corazón, tan alejada de las superficiales, exuberantes y estruendosas. Alegría de la paciencia y de la serenidad que se reflejo al final de su vida como nos dice Pío XII al definir lo más importante del culmen de la vida de la Madre siempre virgen: María subió a los Cielos gloriosa en cuerpo y alma. El final de la vida de María es su introducción y coronación en la gloria celeste. En la Iglesia oriental se hablo primero de “La Dormición de la Madre de Dios. La Dormición, Sueño o Tránsito de Nuestra Señora equivale a decir que su muerte equivale a su resurrección inmediata y Asunción a los Cielo”. Cristo, el Hijo de Dios e Hijo de María, Santísima Virgen, habiendo sido concebida sin pecado original (Inmaculada Concepción) nunca tuvo pecado, por el privilegio de Dios de su Inmaculada Concepción; por consiguiente, no estaba sujeta a la muerte, como no lo estaba Jesucristo; pero también Ella tomó sobre sí nuestro castigo, nuestra muerte. Y Juan Pablo II: “María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97) |